IMPRESIONANTE relato que nos lleva a pensar que desde la manifestación de las neuronas espejos podemos estar conectados más allá de lo que podemos ver, desde ellas podríamos pensar que el individuo no es tal ni tan ajeno al otro individuo.
11 mayo 2012
18 abril 2012
El plan de vida: ¿una herramienta o un obstáculo?
Por
Francisca Aguilar González
| Volcán Chimborazo - Ecuador, más cerca del cielo! |
Existe una frase famosa que dice que “el mapa no es el territorio”, algo así como lo que vemos no es precisamente lo único y real que existe fuera de nosotros, es más, el mapa vendría siendo esa construcción personal de cómo proyectamos el mundo y desde donde lo vivimos. Es así cómo diseñamos lo que deseamos que sea nuestra vida, ya sea hoy, mañana y cuando ya no estemos aquí.
Muchas veces me pregunté qué quería, deseaba hacer algo que me provocara placer, no mucho esfuerzo, donde pudiera fluir, hacer eso que nace sin complejidades desde ese centro inimaginable llamado alma. Algunos definen ese estado y acción como “talento”, o como la vinculación extraordinaria que alcanzamos con Dios.
Diseñar el plan requiere claridad, aunque la pregunte surga de rebote: ¿Y por qué es necesario un plan?, porque un plan no es un acto burocrático sobre lo que se desea que suceda, sino mas bien es algo que se relaciona con la intimidad del ser, en otras palabras, es un acto inspiracional donde proyectamos nuestro tres cuerpos: el pensamiento, lo emocional y el movimiento, conjugados en un instante podría decirse “un ser humano VIVO”.
Esta capacidad de poder proyectar nuestro bienestar para vivir en comunión con el “todo” es donde se encuentra el valor de pensar un proyecto de vida. Sinceramente nunca tendré total certeza de qué es lo mejor o lo que quiero, porque quiero todo, quiero al universo y su rapto para ir con él descubriendo mundos incapaces de ser imaginados por la cabeza humana. En definitiva es lograr comunión, ser comunidad del gran territorio.
Qué hice. No dude en trazar un camino que tuviera entre sus diversidades un “viaje” o lo que defino como el acto más puro de conocer, de alimentarnos de eso jamás visto y por cierto, controlado. Al inicio y como parte del destino, el viaje me trató con ese amor que te hace ver belleza en todo lo nuevo que experimentas. Pero también se encargó de manera radical de hacer que descubriera mi verdad, aquella incómoda e inevitable, pero necesaria.
Y saben? El proyecto de vida puede estar lleno de actividades que se relacionen con la búsqueda del aplauso, del reconocimiento o de un afán obsesivo por hacer del trabajo la vida, instalándolo como una prioridad para el mundo y con ello creernos indispensables. Un juego extraño del ego y de la miseria humana que busca evitar mirarnos y detectar con verdad aquello que es propio y necesario para llevar una vida en abundancia, una vida “real”.
Lo interesante del acto inspiracional además de pensar cuál sería la ruta, es descubrir uno de los mejores hallazgos de mi vida, y es que sino estamos dispuestos a sorprendernos, a que el timón gire y nos lleve por donde desea, es muy difícil vivir y ser feliz.
Hoy día, en este presente, el proyecto tiene una nueva premisa y esta es: No hay diseño sino vivir para que la vida y sus confabulaciones permitan interpretar y satisfacer mi deseo íntimo. Comprendí que caminar solo da muchas posibilidades de movimiento, pero en compañía puede abrir conversaciones y posibilidades que amplían el horizonte de lo que hasta ahora pensábamos posible.
Nadie dice que el viaje ha concluido. Quién sabe a que me dedicaré después de esto o a qué le dedicaré mi tiempo y pasión…y qué importa, si nada de lo que viene es posible saberlo, menos controlarlo. Después de vivir planificando, creo que sin el deseo a la “sorpresa” y al “improvisación”, es mejor no intentar el acto milagroso de “vivir”.
12 abril 2012
Un corazón sin sangre no puede latir
Por
Francisca Aguilar González
Sé que hay
días como estos muchas veces a lo largo de la vida. Días en que ocupas el mayor
tiempo del mundo en resolver y luego preguntarte ¿por qué siempre me pasa lo
mismo?, ¿por qué (mierda) no puedo cambiar la historia?
Cuando se tiene un ser inquieto uno busca y busca calmar ese
huracán que no te permite estabilidad o quedarte por un largo tiempo en un
espacio y echar raíces, sin temor a la rutina.
Hoy solo cuento con una maleta de ropa, un colchón que en el
futuro venderé, ya que no lo podré cargar a donde iré en unos meses más.
También cuento con las personas que le han dado sentido a este recorrido y
estaríamos.
Y es que soñar es fascinante cuando se está volando en ese
devenir, pero hace algunos días me di cuenta que ya llegaba a mis 35 años, si
correcto, así es y lo más impresionante de todo es que no me había dado cuenta
de aquello, de la rapidez con que se habían concadenado las acciones y el
vivir, de lo mucho que quiero hacer sin sentir que en la rapidez sea tarde.
Casi en la mitad del camino puedo reconocer a viva voz lo que no
decimos en la soledad más extrema de la noche, cuando nadie nos ve ni escucha,
y es que un corazón sin sangre no puede latir, por lo menos el mío está dando
sus últimos impulsos en esta forma de vida en medio de un espacio donde la
solidaridad, la motivación y el ser humano son lo central del trabajo, del
imaginar y el sentir.
Esta realidad algo me dice que debo correr a la par de lo que
esta comunidad ecuatoriana necesita, pero la falta de sangre, la falta de
preocupación por las cosas que son cruciales para el vivir humano, han afectado
el latir de un corazón que en la mitad del mundo duda si podrá vivir en las
mismas condiciones.
Sin amor no se puede. Sin personas que acompañen tampoco. Sin
espiritualidad menos. Y es que el miedo es una muralla tan bien construida por
la mente que llega a ser invisible para los ojos, para el conciente manejado
por el inconciente, para los que deseamos que la propia historia cambie.
Ingenuamente pensé que el ir y venir, los viajes y el conocer
podrían sanarlo todo, y sí, es posible que así sea, sin embargo existen
situaciones que indican que el tesoro ansiado no lo encontramos dando la vuelta
al mundo, sino más bien perdonando nuestra vida, lo que no ocurrió y lo que no
somos en el estado mas real y puro del ser.
La experiencia me indica que no ha sido un trabajo fácil y
rápido, ya que el corazón comienza a suavizar sus latidos, porque es justamente
la sangre lo que le falta. Mientras esto ocurre, un líder espiritual me dice
que las personas somos absolutas y enteras, capaces de encontrar la paz
verdadera en Dios. En mi interior lo creo pero en la práctica no lo logro, pues
ciertos sentidos como la visión y el escuchar están averiados por estos días.
Sin duda la misión es ir por sangre, por algo más que una maleta
de viaje. Sin duda estoy en la pantomima de instalar un pie en la tierra.
20 febrero 2012
Los Invisibles
Por
Francisca Aguilar González
Qué es lo que nos hace comunes a todos. Por qué ya no miro a los ojos. Por qué me pongo los fonos y subo el volumen hasta el dolor. Por qué me desagrada la pobreza, la marginalidad y con ello, a los niños vibrantes de alegría en dicha realidad. Por qué prefiero depositar, donar o pertenecer a una fundación humanitaria donde jamás podré tocar a los beneficiados, ni olerlos.
Qué es lo que no soporto de las realidades degradantes. Qué es lo que admiro, fascina y encuentro en la realidad televisiva que no puedo apagar. Qué hay en mi teléfono que ya no encuentro en mi entorno vivo y carnal.
A qué me niego todos los días. Qué es lo que no quiero ver. Cuál es esa conversación que evito tener. Por qué mi deporte es pasar en el pasado para relevarlo a carácter de sagrado. Por qué perdí la fascinación por lo que soñaba cuando era niño, dónde quedaron esos mundos llenos de luz y fantasía de mí “ser niño”, ¿por qué renuncié?
Mi postura es “yo primero”, es “yo siempre”, es “yo, el invencible”, es “yo, la mierda viva que capoto cualquier idea de cambio”, es “yo y todas las cosas que aún no me compro”, es “yo y mi perdida de fe en todo lo que en algún momento me llenaba de pasión, de ganas por la vida y el vivir”.
Todo lo anterior ha confabulado desde un acto inconsciente la construcción de una gran comunidad humana, ellos son los “invisibles”.
Los invisibles no sólo están en África, en Haití, en Irán, en Camboya, Rusia, Bolivia, India o China, no, claro que no. No están sólo en los artículos, en los comerciales humanitarios, en las noticias diarias (que cada vez más tristeza me dan), en el reportaje de guerra, en los migrantes o en las mujeres que cada día mueren por motivos que uno ni dimensiona en esta era digital que aún “no es la de todos”.
Los “invisibles” están en todas partes, están en tu casa, a veces son tus padres, tu abuelo o tu hijo. Ellos están en las micros, en los hospitales, en la calle caminando sin rumbo con un currículum en blanco, para que decir en la red, allí hay demasiados, pero se multiplican más aún cuando el contacto debe ser directo, con la voz, con el tacto, con el olfato, con los sentidos que nos diferencian de los animales, de las bestias.
Hoy es importante hacer la reflexión, identificar a los que son “invisibles” para nosotros, ya sea porque así lo decidimos o por falta de conciencia, de calidad humana, por exceso de ego y poder.
El mundo es lindo, vale la pena un tango o un mambo por él, sobretodo cuando empezamos a construir la comunidad de los que hoy deseas hacer “visibles”. Todo es posible cuando salimos del hermetismo, cuando logramos erguir la cabeza, cuando decidimos vivir como los humanos que somos y para lo que fuimos creados (sea quien sea el creador).
Sería bueno hacer una promesa en pro de los “invisibles” y “visibles”. Sería impactante volver a sentir y a creer como niños y dejar la adultez para los zombis. Es necesario tomarse esto en serio, antes de caer en la muerte prematura con el fin de borrar nuestra especie.
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